Desde los más atrevidos, que llegan a tatuarse la imagen de nuestra Virgen en el pecho, hasta los hermanos de lugares exóticos como Bali, ¡quién lo diría!
Pero existen otros, que llegan aún más lejos si cabe.
En la ampliación de una escoyera en el puerto de Barcelona, uno de esos bloques de hormigón que se encuentra sumergido a muchisimos metros de la superficie, y que permanecerán ahí para toda la vida, reside uno de estos actos.
Pues a alguién, un trinitario de corazón, se le ocurrió bautizarlo con un nombre, que no podía ser otro que Trinidad, un nombre que abarca muchos conceptos; una imagen, un sentimiento, un barrio..., simplemente una forma de vida.
Y la explicación al jefe de aquel acto fue, ¡por que sí!, porque ella debía estar ahí.
A David Cárdenas.
